Me podía ver todas y cada una de esas veces que lloraba y me retorcía de dolor. Cuando me senté una noche a escribir palabras que pensé que un día me salvarían; si alguna vez aquello se volvía insoportable, podía mirarlas. Dolería cada vez más, pero ese dolor me mantendría con vida. Luego, cansada y con la mente hecha trizas, ya no tendría fuerzas para hacer otra tontería. Jamás sucedió.
Y recuerdo un suceso muy lejano, estaba pequeña y sólo podía verle la cara alzando la cabeza. Sonreía y me veía como si fuera yo una maravilla. Alabó mi cuerpo, jamás se me va a olvidar eso. Estaba temblando. Fue como si hubiera escuchado el espantoso alarido de una bestia burlona. "No llores", dijo. No sabía lo que pasaba dentro.
Ésa fue la primera señal. Luego, el sueño. Creí que me había transformado. Lo primero que vi fue el alba roja. Crucé los dedos y me miré pronto al espejo. La desilusión.
Son cosas que matan. Lo hacen poco a poco. Cuando crees que las superas, regresan y joden aún más. No se cansan, no hay manera de quitártelas de encima. Un día, acabas recordándolas y acabas haciendo cosas que las vuelven peores.
A veces no dependió de mí. Yo me quejaba todo el tiempo, pero jamás me dieron la razón. No soy estúpida o quiero creer eso. "Por eso inventas esas cosas, porque tienes mucha energía que no usas". Acababa de golpearme como si fuera yo cualquier tipeja en la calle con la que te lías por un lugar de estacionamiento. Y sólo eso me dijeron. Quise llorar, pero sólo se apretaba el nudo. "¿Qué les pasa? ¿No ven que me ha hecho daño? ¡Pero si ustedes también saben cómo es!" Nada pasó.
Y luego, volvió a suceder. No he sentido ese ardor en el pecho en ningún otro momento. Ira.
Luego de eso, te resignas. No crees que nada cambie nunca. Los días pasan y sigues siendo culpable a los ojos del mundo. Yo decidí no darle vueltas. Pero regresa el rencor, la sensación de no tener el control de nada. Lo vuelvo a sentir en pesadillas. Creo que mis manos son armas, que cargo un enorme poder, una furia irrefrenable, creo que puedo hacer temblar la tierra con sólo el golpe de mi puño. Me veo queriendo destruirlo, quiero ver su dolor impreso en mis manos, tiene que pagar lo que me ha hecho. Y no puedo.
Cada vez que lo intento, el poder se convierte en nada.
Crees que es un mensaje. Quizás no es la solución. ¿O puede ser que no tengas el valor para hacerlo? Vaya cobarde... ¿escupiste tanto odio en vano? ¿Para qué llorabas entonces todas las noches? ¿Necesitas otro incentivo? Ve, ahí estará esperando para castigarte de nuevo, te prometo que lo hará con gusto.
Al día siguiente, quise sonreír. Me di cuenta de que ya podía hacerlo sin ayuda. Dejó de importar (¡ja!). Quise dar la vuelta. Yo tenía que hacer la diferencia. Cuando fue así, nadie lo vio. Nadie estuvo.
A algunos les funciona. Y aún a menos les sale bien. Sólo tienen que eliminarlo. Lo matan. Y sus nombres no vuelven a ser mencionados. Yo quisiera ser así.
Deseé creer otra vez. Lo confesé todo. "No soy normal, algo está mal en mí desde que nací. Tengo que hacer esto. Quiero que lo entiendan". Sonrisas torcidas. Todo estaba bien, no había nada qué decir. Discursos diferentes. Sólo alguien lloró. Que noches después aprovecharía mi ausencia para convertirme en su vergüenza. Pero sigo siendo su hija, ¿no?
Después, incertidumbre. Habían sido veinte años de mentira. ¿Cuál es mi razón de ser entonces?
Te diste cuenta de que no es necesario. Los conoces mejor que nadie, sabes que estarán bien sin ti. Y sabes que no les importas. Ya sólo eres tú. Solo, cansado, pero ya no hay nada de qué preocuparse. Y entonces, quieres empezar de nuevo.
No lo buscaba. Yo no pensé que existiera. Esa sonrisa me mató. Su mano intocable se hundió en mi interior. Lleno de hollín, logró sacar eso de mí. Apenas respiraba. Tenía miedo. No quería volver a pasar lo mismo.
Haces planes. Ya no quieres más juegos, sabes que es ella la elegida. No quieres echar nada a perder. Pero el terror sigue ahí. Va a pasar algo, lo estás viendo. ¿Te sientes capaz? Pruébalo.
Yo me sentí. "He de verte, de hablarte. Te probaré que esto no es un juego, M". El miedo se había escondido en algún lado. Pero no dije nada. No pude. No fui rápida. Había demasiado qué decir. "Te amo" no era suficiente. Ahora lo entiendo. Debí haberlo hecho antes.
No he vuelto a seguir una corazonada desde entonces.
Nada lo supera. Sabes que esto te ha destruido. Lloras como nunca antes. Todo se queda corto. Esto te ha despedazado. Tus restos son carroña. Crees que has muerto.
La avalancha. Luego de eso, nada vale. Todo se ha desmoronado.
A veces sucede. Te detienes a pensar en que mañana será mejor. Te das una oportunidad. ¿Acaso sigues una corazonada?
Todo mejora. Te has sabido comportar a la altura. Aplicaste lo aprendido con magnificencia. Volviste a caer algunas veces, pero ya no es como antes. ¿Ya te sientes mejor?
Pero eso último volvió. "¿Por qué regresó? ¿Por qué ahora? ¿No has entendido que se acabó? ¡Esto es enfermizo! Estás mal, estás en un error; sácalo de ti". No puedo. "¡Pero si no hay nada que hacer!" Pero no puedo dejar de sentirlo. "¡Arréglalo!" No puedo. Soy cobarde. "¿Y qué esperas? ¿Magia? ¡Haz algo, carajo, si tanto la necesitas!" ¡No! Esto es enfermizo. Me da vergüenza. Está mal. No puede pasar. No debía pasar. "No has esperado lo suficiente, eso es lo que pasa". Ojalá. "¡Inténtalo!" No puedo.
"Cobarde."
No hay comentarios.:
Publicar un comentario