Difícilmente podré conciliar el sueño esta madrugada. No he dormido nada desde ayer y por la tarde pensé que mi cabeza iba a estallar. Dormí una siesta muy corta y el sueño desapareció. Tan sólo espero resistir el golpe cuando amanezca...
Puse una canción y me llegó una sensación extraña. Recordé mi velada de la noche anterior. Había revisado un montón de archivos, mensajes, fotografías, videos... me llegó una sensación muy extraña, como de calidez, pero un poco lúgubre a la par. Ahora me acuerdo y es como si viviera de nuevo esos momentos. Que sí, ahí habían muchas putadas malsanas que alguna vez hice, pero hubieron también muchas cosas gratas. Extrañamente, hubo una situación que no fue registrada en ningún lado, por la simple razón de que nunca lo conté de cabo a rabo. Sólo llegué a mencionarla a unas cuantas personas. Allá va, pues...
Me levanté como si nunca hubiera dormido. Estaba como esos días en que todo molesta... lo peor era que ya había prometido que iría a la escuela tan sólo a ver cómo ensayaban unos sujetos para un baile (que no sé por qué coño habría un evento así en una escuela como en la que iba). Un amigo me llamó el día anterior, preocupado porque no había ido desde hacía muchos días. ¿Razones? Acababa de pasar por una ruptura amorosa, me la pasaba perdida en otros lados; deambulando, en casa de escasos amigos, peleando conmigo misma porque, después de ese fracaso, empezaba a tomar conciencia de que alguna parte de mí estaba fuera de lo normal...
Quizás fue el día en que nadie me vio enojada. Desde hace meses lo había estado. Pero cuando llegué al ensayo, me sorprendieron las caras de mis amigos. "¿Dónde habías estado? ¡Qué milagro!" "¿Por qué no has entrado cabrona? Ya nos dieron las nuevas credenciales." Qué raro fue ver que, aquel par de muchachitos que salían por patas al campo de futbol antes de que llegaran los profesores se preocuparan de cosas como ésas... y por mí. Preferí no decir nada y me senté a observarlos. Aparte de ellos, con nadie más hablaba. Ese semestre estuvo plagado de gente desagradable.
Si acepté ir a verlos fue porque ya me habían insistido mucho para que me apareciera por ahí. Pero la sola idea de estar cerca de la escuela me daba terror, menos mal para mí que el ensayo fue en un parque cercano, poco conocido por los demás alumnos de mi escuela por hallarse escondido a unas cuantas calles de ahí. Tan sólo me tocó ver a dos de mis compañeros; poco me importó, aquellos eran buenos tipos. No hubiera tolerado que me viera nadie más. Estaba harta de todo, de esa gentuza, de vivir asfixiada... cabe mencionar que, el año en que entré había sobrepoblación en el plantel y pasó algo muy curioso: era la única mujer ahí. Todos los demás, hombres. Jamás me sentí tan agobiada. Y conforme se acercaba la hora de la primera clase y el ensayo se volvió más una algarabía, me sentí peor. "No quiero regresar. No puedo..."
No lo hice. "No puedo, de verdad no puedo. Aún tengo muchas cosas en la cabeza". Mi amigo no entendía, pero supuso que de algo importante se trataba. Aún así puse a Karla de excusa y me fui. No recuerdo bien qué hice toda la tarde. Estoy segura de que no quiero recordarlo...
Al día siguiente, perdí contacto con mi cerebro. Sólo podía pensar en la vergüenza, el hastío. Todo era normal en casa. "Lo estás haciendo mal otra vez", pensaba. Pero nadie se había dado cuenta de lo que hacía y cada vez era más peligroso faltar a clases. Ya no tenía a nadie con quien pasar las tardes, no tenía dinero y definitivamente ya no podía hacer nada para salvar mi promedio. Hubiera sido más fácil confesarlo y esperar la reprimenda (ya me había pasado y había encontrado la fórmula para no sufrir). "Algo está mal conmigo. Algo está mal desde el día en que nací. No soy normal". A eso se debía mi sufrimiento de los últimos meses. "No es sólo un algo, es todo, todo está mal conmigo". Ya no pude pensar en otra cosa y salí rumbo a la escuela... a pie.
Una de mis habituales quejas en esa temporada del año (primavera) es el calor. Odio el calor, me jode a niveles estratosféricos. Ese día ni lo sentí. Sólo habían disparates en la sopa primordial de mi cabeza. Cuando no faltaba mucho para llegar, tenía sólo una cosa clara: "hay que terminar con esto". Ese día, nadie me vio. No supe otro lugar al cual ir. Caminé mucho, más de lo que había caminado en años. Hacía mucho tiempo que no estaba tan segura de algo: tenía que terminar con todo de una vez. Me quedé hasta tarde esperando el transporte. Me aseguré de que nadie de la escuela me viera y tomé uno de los últimos que salieron. Fingí que dormía en el asiento de atrás mientras me daba cuenta de que ya había dejado atrás mi casa. Esperé un poco más; odiaba ya estar en mi propia casa. Dejé el transporte poco antes de que terminara su recorrido y regresé caminando a casa. Encontraría sorpresivamente a mi madre y a mi hermana. "Me quedé dormida en el camión", inventé. No hubo problema con ello y fuimos a casa. Estaba brutalmente cansada. No comí mucho y me fui directo a la cama, sin olvidar lo que iba a hacer...
Ignoro por completo a qué hora desperté. Ya no habían luces encendidas. Me cercioré de que no había nadie despierto. Tomé un reproductor de música y unos audífonos. Si lo iba a hacer, necesitaba distraerme del dolor para no acabar arrepintiéndome. Tenía que hacerlo de un solo tajo en cada lado. Ya había estudiado cómo. Fui a la cocina por la herramienta y luego me encerré en el baño. Me miré a los ojos por un momento. "Mira lo que vas a hacer. Carajo, ya debes estar demente"; me pareció bastante divertido pensar eso. Lo único que me hacía sentir mal era el desastre que iba a hacer, seguro mi mamá se cabrearía bastante al verlo. Me pregunté cómo sería el día siguiente. ¿Cuáles serían sus reacciones? No planeaba dejar algún mensaje. A mis hermanos tal vez no les importe mucho, tampoco a mi padre. Quizás mi mamá se asuste. Cualquiera, creo yo. Busqué algo de Alice Cooper en el reproductor y me detuve antes de reproducir. "Quizás... mañana sea un día mejor. Quizás mañana entienda qué es lo que está mal". El sueño volvió y regresé a la cama.
Toda la mañana sostuve una sonrisa extraña. Ese mismo día todos se enteraron de lo que había estado haciendo. Se dijo de todo sobre mí, pero dejó de importarme. Tenía que dejar la escuela ahora. Me sentí muy feliz. Ahora tenía todo el tiempo del mundo para comprenderlo...
lunes, 31 de marzo de 2014
viernes, 14 de marzo de 2014
Las Joyas de la Familia: una historia de maldad, irresponsabilidad y soberbia.
Es curioso cuando pienso en mí sentada en la cama poniendo canciones de The Ting Tings y escribiendo esto. Porque precisamente hace unos minutos, me he puesto a pensar: nadie creería que una persona de carácter tan claroscuro como yo escucharía algo como eso. Yo por mucho tiempo fui fan del metal en sus variaciones más extremas, pero con el tiempo fui cambiando a un matiz muy diferente. Sin embargo, yo cambié más lento que mis preferencias. Pasaban los años y la gente seguía preguntádose si yo era "normal". En la escuela, en la casa y en la red, todos me jodían con lo mismo.
No les culparía si les viera las caras ahora mismo. Lo cierto es que sí me comporté como una cretina por mucho tiempo, de ello hay muchos testigos. Sin embargo, en muchos de estos casos los abusos cometidos contra ellos fueron justificados. Ciertamente jamás he molestado a alguien que no lo mereciera. Dedico esta entrada a aquél grupo de delincuentes, pendejos, gandules, abusivos, malnacidos, farsantes, perdedores, degenerados... ¿parecía que esto era una redención? No. Es el desfile de atrocidades de un grupo de sujetos que, por su relevancia, maldad, o simplemente porque eran unos cabrones por encima del promedio se han ganado un lugar entre la lista de mis peores enemigos.
Con esta entrada abro una nueva categoría en este sitio, donde albergaré las historias de estos impíos, de malas pasadas, de rivalidades sin final (o con un final insatisfactorio) y de todos esos sentimientos enfermizos que desarrollé en esos días de justas casi diarias. Comenzaré con las descripciones generales de estos sujetos. Algunas pueden parecer graciosas, otras... también, pero se involucraron en aspectos muy serios de mi vida (y claro, por eso están en la picota). Basta de preámbulos:
1.- Alex Hernández, "el Jiote". Detrás de un sobrenombre tan rastrero, debe haber una persona rastrera. Ése es Alex, un tarado que habitó por varias partes del Estado de México. Se autonombra músico, pero si lo llegan a topar, que no les vea la cara, porque no sabe un carajo. Lo que se dice un carajo. Aparte de no saber una mierda de música, no sabe una mierda de nada. Es estúpido, no como una piedra, es estúpido como... coño, no creo que haya algo más idiota que una piedra, salvo él. Lo avisté por primera vez en un chat y me fui ganando su admiración y respeto, no con mala intención. Me recordaba a mí en mis peores momentos y por eso fui ganando cierta empatía hacia él, hasta que, atando cabos, me di cuenta de que la mayoría de las hazañas que me contaba (sexo a edad prematura, mujeres que le enseñaban los pechos por webcam, entre otras cutrerías) eran falsas y fui desentrañando su verdadera identidad: la de un perdedor. Fueron varios años en los que le sometí a tortura psicológica, hasta que decidí parar por lo insatisfactorio de los resultados.
2.- Marisol... o Maribitch, Mariperra, Marislut, etc. Todos, títulos ganados a pulso. No por promiscua (aunque sí lo era y mucho), sino por chocante, enferma y obsesiva. Cuando me encontraba recuperándome de un grave período de crisis emocional durante mi reinicio de la preparatoria, frecuentaba un chat; una sala en específico donde nos solíamos reunir un grupo de amigos de varias partes del país. Un día aparecería esta chica de Chihuahua y armaría un borlote acusando a una amiga de haberle querido quitar a su novio. Luego de ello, se volverían enemigas y con ello, enemiga mía, a pesar de que le trataba con respeto por el hecho de no haber sido yo la ofendida. Pero, como si se tratase de una esquizofrénica paranoide, después empezaría a acusarme a mí de cuanto desvarío se le ocurría, para después pedirme perdón y jurarme lealtad total. Por esa actitud tan perturbadora y chocante, se ganó mi odio legítimo, que culminó con una cruel broma que la expuso frente a muchos de sus compañeros de escuela, amigos y familiares. El registro de dicha broma aún existe y cuando el tiempo sea amable, volverá a ver la luz.
3.- El Misterioso Hombre Cangrejo. He de contarles que yo alguna vez fui pseudoactivista comunista, pacifista, antinorteamericana, antifascista y cuantas subespecies puedan enumerar. Cuando mis creencias a ese respecto habían adquirido firmeza, tuve el infortunio de toparme con un ser que se autodenominaba "El Enemigo de Dios", quien parecía ser una fuerza completamente opuesta a mí. A pesar de que yo era atea y antiteísta (hoy sólo atea), dicho personaje resultó de lo más desagradable: era como un Eric Rudolph, pero ateo (impredecible el hombre) y sin bombas. No hubo muchos días tranquilos para mí desde ese entonces. Ya sea que él me buscase o yo a él, sendas discusiones con insultos, desfachateces y humillaciones al contrario se desataron cada vez que nos veíamos. Sin embargo, llegó el momento en que se volvió un deporte y terminábamos como una extraña pareja de amigos. Un día dejó de aparecerse y hasta la fecha no he hallado ni un rastro de él. ¿El nombre? Es por una serie de televisión, My name is Earl... sólo se me ocurrió, pues.
4.- Hunk Dorlian, o simplemente Trollencio. Me emocioné mucho el día en que hallé a una persona que solía, junto a un equipo de artistas amateur, dibujaba un manga que me gustó mucho cuando tuve doce o trece años. Al mismo tiempo, estaba enamorada de una chica que pasó por problemas muy serios justo ese mismo día y que yo trataba de animar un poco. Cuando el dibujante comenzó a interrogarme, se sorprendió mucho de tener una fan tan joven como yo, siendo que él manga estaba dirigido a otro público. ¿Lo malo? El sujeto se clavó conmigo y empezó a hacerme piropos, tratando de ligar conmigo. Yo estaba tan metida en la situación de mi chica ideal que le ignoré por un buen rato hasta que se volvió necio como un puto burro, además de que empezaba a hablar de sexo y todo lo que le cabía en esa cabeza depravada suya. Fue menester decirle que no quería nada con él, que estaba fijada en alguien más. Se convirtió en un hijoputa ipso facto y me pidió que le mostrara una foto de la mujer en cuestión. Ahí fue cuando hizo algo que me encabronó a niveles estratosféricos: meterla a ella en sus perversiones. Ocupada como estaba en María (nombre uno) decidí no hacerle ningún escándalo fuera de pedirle respeto hacia ella... pero había decretado en silencio que se había convertido en mi presa. Ya después sabrán el resultado de la cacería...
5.- Mickey, alias Mikaela H. Mickey ha sido, por mucho, el peor entre los peores. Decidí elevarlo a la categoría de archinémesis por todo el hijoputismo galopante que desprendía cada vez que aparecía. También ha sido el único que me jodió de manera casi directa y sospecho que él estuvo detrás de un episodio muy triste en mi vida, ambos relacionados con la chica que mencioné anteriormente, María. Dado lo cabronazo que fue Mickey como para pasar desapercibido ante mí por un buen tiempo, ganarse la confianza de tanta gente que estaría dispuesto a respaldarlo y las molestias que podría causarle a María por divulgar tan abiertamente su historia, muchos de sus detalles he decidido reservarlos para mostrarlos a la luz cuando el tiempo sea más amable. De Mickey puedo decir que se hace pasar por otra persona, derivado de una enfermiza obsesión. Miente bastante, de ello puedo dar fe porque incluso hay textos que desmienten muchas cosas que él me dijo cuando empezó nuestra enemistad. Sin embargo, tuvo la astucia de rodearse de gente a la que le ha hecho creer que es una persona buena y sin malas intenciones. Muchas de las pruebas que tengo sobre él son meramente circunstanciales, lo que hace más difícil y riesgoso completar una acusación contra él. Mientras pueda haber gente que niegue lo que he escrito aquí, yo me rehúso a retirar mis sospechas.
Habiendo terminado este listado, juro que la sección no morirá así como así y traeré a la luz de la historia los hechos detallados sobre todos y cada uno de estos seres (todo a su tiempo, claro). Si por pura casualidad alguien leyera esta entrada y reconociese a alguna de las personas descritas aquí... bueno, no tengo que decir nada sobre lo que pienso actualmente de ellas. Ya será luego, en mejores tiempos...
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Joyas de la Familia
miércoles, 12 de marzo de 2014
El amor en tiempos del boliche.
Hoy desperté con hambre. He de anotar que no he dormido mucho desde que tengo de nuevo una computadora a la mano. Sin embargo, toda esa sobreestimulación me ha hecho bien a nivel creativo, pues de pronto llega a mi memoria la historia de una mujer, de una buena pero temperamental mujer con la que compartí un mes de mi vida (o dos semanas, porque a la primera se fue de vacaciones al culo del mundo). He aquí los detalles de nuestra curiosa trayectoria sentimental.
Su nombre era Karla Copito (claro que no se llamaba así, no jodan) y asistía a una escuela privada en el momento en que la conocí. Debía tener 1 o 2 años menos que yo, no me acuerdo, pero sí me acuerdo de su bombo hermano de 12 años... creo. El caso es que, en medio de una crisis emocional-existencial decidí no ir a clases para ir a lo de un viejo amigo, un frikazo hijo de puta con quien pasaría un mes malinfluenciándome en lugar de atender mis deberes. Dicho sujeto me comentó que, en una salida con mi hermano (quien antes era su compinche) y su novia de ese entonces habían terminado en casa de una chica que le había gustado mucho. Por mi naturaleza de aquel entonces me valió un coño, aquel tipo no podía ver alguna mujer sin pajearse o hacer algún comentario grotesco o friki. Ese día precisamente decidimos ir a verla.
Como sus padres (y en especial su papá, que era un cabronazo ejemplar) eran muy recelosos cuando se trataba de su hija, debimos ir acompañados de la ex-novia de mi hermano, con lo que me expuse a que me delatara con él (aquella mujer era de la que les cuentas algo y al día siguiente la puta cuadra y su madre se enteran). Afortunadamente eso no pasó hasta un tiempo después y de hecho fue por un suceso más que nada accidental.
Lo que pasó ese día fue singular. Al recibirnos la madre de Karla nos miró con recelo, pero nos dejó pasar con todas las cortesías a su sala. Entonces la ex-novia de mi hermano subió las escaleras y bajó con ella. Miento si les digo que no me gustó lo que vi. No me gusta dar descripciones de la gente porque luego se dan por aludidos y me cagan a palos en la calle, pero esta chica en ese tiempo era muy bonita... y tímida. Recuerdo que saludó al cabroncete de mi amigo y me dijo un "hola" y se puso tras su amiga. No hablaba conmigo, apenas y hablaba con los demás. Me imaginé que me tenía miedo (algún par de buenos samaritanos se encargaron de esparcir historias horrorosas sobre mí, como que le arranqué los brazos a un tipo en una pelea o que salía a matar perros a batazos en las noches).
Algo extraño surgió en mi cuándo el ganapán asqueroso de mi amigo me volvió a decir que le gustaba al salir de la casa: "¿por qué no?" Y le pedí que me pasara su dirección de Hotmail (RIP). Lo sé, debo arder en el agujero del demonio.
Para resumirlo, en menos de una semana me gané su corazón de pollo. En este período aprendí un montón de cosas sobre ella, como que un tipo la había decepcionado antes o que en ese entonces andaba con alguien que no le permitía acercársele en presencia de sus amigos. Mientras platicábamos me fue gustando un poco más. Hubiera hecho todo esto de cerca, pero sus papás no la dejaban salir sin compañía... cualquier compañía que no fuera la mía. Así pues, nuestro compromiso empezó una noche, a distancia, y pasó inadvertido hasta un par de días después, cuando tuvimos la oportunidad de vernos de nuevo. Yo había comprado un bonito pentagrama (yo era bien "ivol") y lo llevé al café donde quedamos de vernos con su mamá y mi cutre amigo (no sé quién putas lo invito, como recuerde que haya sido yo me lanzo de la azotea). Por razones simples que no valdría la pena explicar, disfrutamos de nuestra mutua compañía muy discretamente, rozándonos las manos y lanzándonos miradas. Al final de una corta velada en que casi me suben a la máquina ésa donde se baila y cuyo nombre no recuerdo, le di el pentagrama y nos despedimos con un abrazo muy largo.
Cualquiera pensaría que una relación que empieza de modo tan tierno y meloso terminaría bien, o al menos iría bien encaminada por un buen rato... mas todo cambió en la segunda cita. La mamá de Karla se enteró por ella de nuestra relación unos días después y decidió tolerarla (los detalles de por qué son información clasificada). Le dio permiso para ir conmigo, su amiga y mi truculento amigo (fui imbécil, lo sé) a una plaza comercial cercana a perder el tiempo. De camino a la plaza, mi amigo me contó una anécdota: si tenías varios Furbys, los acomodabas en un círculo con fuego encendido en el centro, les clavabas los pies al piso y susurrabas detrás de ellos "Satanás", ellos lo repiten y se inclinan hacia adelante como haciendo reverencias. "¡Satanás! ¡Satanás!". Viendo Karla Copito cómo me ataqué de risa, se alejó de mí, asqueada. Todo el día se mantuvo lejos de mí hasta que le pedí perdón, aunque ni siquiera me dijo qué la había molestado. Tan sólo llegamos a jugar boliche muy malamente, donde descubrí que era pésima. Ese día adquirí conciencia de una realidad inalterable y desarrollé un odio irracional hacia el boliche...
O mejor dicho, dos realidades, pero una es información clasificada. A la semana siguiente, Karla se fue de vacaciones. Yo le envié un mensaje: "no puedo hacerte feliz". Me dolió bastante hacerlo, pero sentía que era una monstruosidad y que no merecía tenerla de novia. Me sentí realmente mal por mucho tiempo, al punto que mis papás se preguntaron si tenía algo más. En ese entonces tenía ya otros problemas encima: dejé de ir a la escuela, me aislé por completo, dormía hasta muy tarde. Al volver Karla Copito, me devastó escuchar de su amiga que el mensaje la había dejado terriblemente triste, que le llamó de emergencia para que fuera a su casa y le consolara. Pocas veces en la vida me he sentido tan miserable y culpable.
Unos días después, su amiga misma me animó a que lo volviera a intentar. Gasté lo último que me quedaba de dinero en un enorme ramo de rosas azules y fuimos a su casa. El recibimiento estuvo bien y todo... pero definitivamente había dejado de ser lo mismo. Al día siguiente terminamos de nuevo, muy lastimosamente para mí, porque para ese entonces ya albergaba un sentimiento demasiado fuerte.
Dolió, dolió mucho y por mucho tiempo. Mi crisis terminó cuando dejé la escuela y tuve tiempo para pensar, a pesar de que me había convertido en la vergüenza de la familia y ya todos sospechaban que yo tenía algo malo desde hacía mucho. Sin embargo, jamás eliminé a Karla de mis contactos ni ella tampoco, por lo que un día me llegó un tímido "hola". Justo igual que como había empezado, pero ahora prometía ser algo diferente. Había días en que me llamaba desde su escuela (cosa que antes no hacía nunca), me hacía berrinches como si estuviéramos casadas, me contaba de sus cosas en la escuela y en la casa... y me dijo que aún tenía mi pentagrama. "¿Quieres que te lo devuelva?", me preguntó una vez. Sentí que se había puesto nostálgica. "Es tuyo".
Es extraño, quizás hasta irónico que luego de tan malos ratos hayamos terminado como buenas amigas, casi tanto como con la chismosa de su amiga. Pasó el tiempo y perdimos contacto, pero aquel corto tiempo de reconciliación me sirvió de mucho. No sólo la pasé bien con ella, también descubrí cosas que estaban enterradas muy dentro de mí; cosas que me servirían más tarde para entender mejor lo que se estaba gestando en mi interior... pero eso es información clasificada.
Su nombre era Karla Copito (claro que no se llamaba así, no jodan) y asistía a una escuela privada en el momento en que la conocí. Debía tener 1 o 2 años menos que yo, no me acuerdo, pero sí me acuerdo de su bombo hermano de 12 años... creo. El caso es que, en medio de una crisis emocional-existencial decidí no ir a clases para ir a lo de un viejo amigo, un frikazo hijo de puta con quien pasaría un mes malinfluenciándome en lugar de atender mis deberes. Dicho sujeto me comentó que, en una salida con mi hermano (quien antes era su compinche) y su novia de ese entonces habían terminado en casa de una chica que le había gustado mucho. Por mi naturaleza de aquel entonces me valió un coño, aquel tipo no podía ver alguna mujer sin pajearse o hacer algún comentario grotesco o friki. Ese día precisamente decidimos ir a verla.
Como sus padres (y en especial su papá, que era un cabronazo ejemplar) eran muy recelosos cuando se trataba de su hija, debimos ir acompañados de la ex-novia de mi hermano, con lo que me expuse a que me delatara con él (aquella mujer era de la que les cuentas algo y al día siguiente la puta cuadra y su madre se enteran). Afortunadamente eso no pasó hasta un tiempo después y de hecho fue por un suceso más que nada accidental.
Lo que pasó ese día fue singular. Al recibirnos la madre de Karla nos miró con recelo, pero nos dejó pasar con todas las cortesías a su sala. Entonces la ex-novia de mi hermano subió las escaleras y bajó con ella. Miento si les digo que no me gustó lo que vi. No me gusta dar descripciones de la gente porque luego se dan por aludidos y me cagan a palos en la calle, pero esta chica en ese tiempo era muy bonita... y tímida. Recuerdo que saludó al cabroncete de mi amigo y me dijo un "hola" y se puso tras su amiga. No hablaba conmigo, apenas y hablaba con los demás. Me imaginé que me tenía miedo (algún par de buenos samaritanos se encargaron de esparcir historias horrorosas sobre mí, como que le arranqué los brazos a un tipo en una pelea o que salía a matar perros a batazos en las noches).
Algo extraño surgió en mi cuándo el ganapán asqueroso de mi amigo me volvió a decir que le gustaba al salir de la casa: "¿por qué no?" Y le pedí que me pasara su dirección de Hotmail (RIP). Lo sé, debo arder en el agujero del demonio.
Para resumirlo, en menos de una semana me gané su corazón de pollo. En este período aprendí un montón de cosas sobre ella, como que un tipo la había decepcionado antes o que en ese entonces andaba con alguien que no le permitía acercársele en presencia de sus amigos. Mientras platicábamos me fue gustando un poco más. Hubiera hecho todo esto de cerca, pero sus papás no la dejaban salir sin compañía... cualquier compañía que no fuera la mía. Así pues, nuestro compromiso empezó una noche, a distancia, y pasó inadvertido hasta un par de días después, cuando tuvimos la oportunidad de vernos de nuevo. Yo había comprado un bonito pentagrama (yo era bien "ivol") y lo llevé al café donde quedamos de vernos con su mamá y mi cutre amigo (no sé quién putas lo invito, como recuerde que haya sido yo me lanzo de la azotea). Por razones simples que no valdría la pena explicar, disfrutamos de nuestra mutua compañía muy discretamente, rozándonos las manos y lanzándonos miradas. Al final de una corta velada en que casi me suben a la máquina ésa donde se baila y cuyo nombre no recuerdo, le di el pentagrama y nos despedimos con un abrazo muy largo.
Cualquiera pensaría que una relación que empieza de modo tan tierno y meloso terminaría bien, o al menos iría bien encaminada por un buen rato... mas todo cambió en la segunda cita. La mamá de Karla se enteró por ella de nuestra relación unos días después y decidió tolerarla (los detalles de por qué son información clasificada). Le dio permiso para ir conmigo, su amiga y mi truculento amigo (fui imbécil, lo sé) a una plaza comercial cercana a perder el tiempo. De camino a la plaza, mi amigo me contó una anécdota: si tenías varios Furbys, los acomodabas en un círculo con fuego encendido en el centro, les clavabas los pies al piso y susurrabas detrás de ellos "Satanás", ellos lo repiten y se inclinan hacia adelante como haciendo reverencias. "¡Satanás! ¡Satanás!". Viendo Karla Copito cómo me ataqué de risa, se alejó de mí, asqueada. Todo el día se mantuvo lejos de mí hasta que le pedí perdón, aunque ni siquiera me dijo qué la había molestado. Tan sólo llegamos a jugar boliche muy malamente, donde descubrí que era pésima. Ese día adquirí conciencia de una realidad inalterable y desarrollé un odio irracional hacia el boliche...
O mejor dicho, dos realidades, pero una es información clasificada. A la semana siguiente, Karla se fue de vacaciones. Yo le envié un mensaje: "no puedo hacerte feliz". Me dolió bastante hacerlo, pero sentía que era una monstruosidad y que no merecía tenerla de novia. Me sentí realmente mal por mucho tiempo, al punto que mis papás se preguntaron si tenía algo más. En ese entonces tenía ya otros problemas encima: dejé de ir a la escuela, me aislé por completo, dormía hasta muy tarde. Al volver Karla Copito, me devastó escuchar de su amiga que el mensaje la había dejado terriblemente triste, que le llamó de emergencia para que fuera a su casa y le consolara. Pocas veces en la vida me he sentido tan miserable y culpable.
Unos días después, su amiga misma me animó a que lo volviera a intentar. Gasté lo último que me quedaba de dinero en un enorme ramo de rosas azules y fuimos a su casa. El recibimiento estuvo bien y todo... pero definitivamente había dejado de ser lo mismo. Al día siguiente terminamos de nuevo, muy lastimosamente para mí, porque para ese entonces ya albergaba un sentimiento demasiado fuerte.
Dolió, dolió mucho y por mucho tiempo. Mi crisis terminó cuando dejé la escuela y tuve tiempo para pensar, a pesar de que me había convertido en la vergüenza de la familia y ya todos sospechaban que yo tenía algo malo desde hacía mucho. Sin embargo, jamás eliminé a Karla de mis contactos ni ella tampoco, por lo que un día me llegó un tímido "hola". Justo igual que como había empezado, pero ahora prometía ser algo diferente. Había días en que me llamaba desde su escuela (cosa que antes no hacía nunca), me hacía berrinches como si estuviéramos casadas, me contaba de sus cosas en la escuela y en la casa... y me dijo que aún tenía mi pentagrama. "¿Quieres que te lo devuelva?", me preguntó una vez. Sentí que se había puesto nostálgica. "Es tuyo".
Es extraño, quizás hasta irónico que luego de tan malos ratos hayamos terminado como buenas amigas, casi tanto como con la chismosa de su amiga. Pasó el tiempo y perdimos contacto, pero aquel corto tiempo de reconciliación me sirvió de mucho. No sólo la pasé bien con ella, también descubrí cosas que estaban enterradas muy dentro de mí; cosas que me servirían más tarde para entender mejor lo que se estaba gestando en mi interior... pero eso es información clasificada.
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Memorias desclasificadas
sábado, 8 de marzo de 2014
Fin del intermedio.
Bueno, este espacio ha sido hogar de muchas historias, tonterías, desplantes, berrinches malintencionados, exageraciones burdas de sucesos cuya verdadera importancia radicó en aspectos no mencionados, expresiones humorísticas retorcidas y poco digeribles, malas pasadas, críticas irresponsables...
Desde hace mucho tiempo estuve esperando por la oportunidad de contar con un acceso estable a la red y apenas hasta el día de hoy fue así. Habiendo pasado mucho tiempo desde mis últimas cavilaciones sobre lo que quería para este espacio, lo que quería para mí y lo que quería deshacer, me declaro preparada para regresar a las andadas. Muchas cosas he vivido y en mi estupidez no me fijé que eran material perfecto para este fantoche lugar. Pues ya es hora...
Este blog se renovó una vez, haciéndolo un derroche de cursilería y exageración presuntamente romántica que, naturalmente, me dio asco apenas le di un vistazo en mis cinco sentidos. Bueno... es hora de renovarlo de nuevo, pero ahora a la segura: todo lo que se lea aquí es lo que soy realmente.
Desde hace mucho tiempo estuve esperando por la oportunidad de contar con un acceso estable a la red y apenas hasta el día de hoy fue así. Habiendo pasado mucho tiempo desde mis últimas cavilaciones sobre lo que quería para este espacio, lo que quería para mí y lo que quería deshacer, me declaro preparada para regresar a las andadas. Muchas cosas he vivido y en mi estupidez no me fijé que eran material perfecto para este fantoche lugar. Pues ya es hora...
Este blog se renovó una vez, haciéndolo un derroche de cursilería y exageración presuntamente romántica que, naturalmente, me dio asco apenas le di un vistazo en mis cinco sentidos. Bueno... es hora de renovarlo de nuevo, pero ahora a la segura: todo lo que se lea aquí es lo que soy realmente.
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