En el pasado, en la primera edición de este blog para ser exacta, en las últimas entradas que aparecieron antes de ser incluidas en mi archivo permanente, se vieron desplantes de tristeza y de un débil enojo, atribuidas a una situación muy triste de la que, por ciertas precauciones que evitarían molestias a los involucrados en la historia y para no seguir pensando más en aquel suceso, no se hicieron descripciones tan precisas y evité no volver a mencionar el suceso en público. Las cosas que sí fueron escritas no pasaban de ser referencias mordaces que intentaban en vano hacer sátira de lo sucedido, haciendo parecer que aquello fue un episodio gracioso, digno de ridiculizar... cuando para nada fue así. Con ello sólo logré transformar mi vida en un mal chiste que ni siquiera yo tragué y, si por alguna razón fue visto en algún momento por la principal involucrada, lamentaría mucho las molestias causadas. Pero lo hecho, hecho está y quién sabe si mis excusas serán leídas algún día por esa persona.
Mas de lo único que no he mostrado arrepentimiento es de una carta publicada aproximadamente el 30 de mayo de 2012 en la primera edición del blog, donde expresé primeramente las sensaciones amargas de aquel momento. Actualmente, dicha carta permanece oculta (a petición de personas que le dieron el visto bueno y porque me pareció que habría sido muy hortera al borrarla), esperando el día en que pudiera ser publicada junto con otras notas que tengo por ahí dispersas. Nuevamente, ignoro si la carta fue leída por su destinatario (que para nada la contacté, porque no pude y no quería ser un incordio saqueando bases de datos para hallarla; ya había hecho demasiados desmanes), cuyo nombre figura clarísimo en el saludo y era muy fácil de identificar por un círculo un tanto amplio de personas.
He de comenzar diciendo que ésta no fue la primera vez que me sucedió algo así. Ocurrieron cosas similares hace ya varios años, cuando yo no era lo que debía. Dicha historia nunca fue publicada y aún espero un momento amable para hacerlo, por las mismas razones. Lo que ambas situaciones tuvieron en común fue algo que, para mucha gente, es ridículo, una sensación pasajera. Y esa sensación no es otra que el amor a distancia. Recuerdo que hace mucho tiempo, un compañero de escuela me contó de su experiencia en aquel campo y yo, ingenuamente, le dije que aquello eran puras tonterías. Con el tiempo y las dos experiencias que tuve, descubrí que la sensación es real y que no necesariamente se sustenta en una condescendencia o en una "inexplicable" atracción emocional, ni que fuera por ser muy fotogénica... sin duda ahora pienso que enamorarse a distancia es algo que ocurre, pero entablar una relación de esta manera, eso es otra cosa. En mi caso, mi comportamiento errático en un principio me causó grandes problemas y, después de andar dando tumbos, arrepintiéndome de muchas cosas y volviendo a asumirlas como mi responsabilidad, aquello se consumó. No duró demasiado, quizás nada y quizá sólo yo le vi el sentido. Pero fui muy feliz, aún si hubieran sido segundos, fui muy feliz.
El mes de mayo, hace dos años, encontré casualmente a una mujer. Se llamaba María (quienes tenga memoria buena y hayan pasado de casualidad por aquí hace un par de años sabrán quién es) y me causaba una sensación extraña su mirada, pensé que quizás la conocería de antes, pero cuando vi que no estaba tan cerca de mi ciudad, me convencí de que eran meras alucinaciones mías. Quise conocerla y pasaron unos días antes de que conversáramos por primera vez. En aquellos tiempos, me encontraba preparándome para un examen importante y aquello me sentó muy bien para no sufrir un derrame entre tantas fórmulas y conceptos que a medias entendía. La primera fue una conversación bastante común, que terminó en poco tiempo. Normalmente, con lo huraña que soy, lo hubiera dejado en eso, en una plática simple y banal... pero algo me convencía para que no fuera así.
Los días siguientes pasaron un poco lentos para mí. Mi padre llevaba unos días yendo al hospital donde mi abuela convalecía. Todos esperaban a que le llegara la hora, habían sido 92 años de vida variopinta. Yo también lo sabía y por ello intenté no hacer mucho ruido al respecto. Seguí con mis estudios y cada día esperaba a que ella volviera aunque sea por un momento. Me sentía extraña esperando todos los días por alguien con quien, en apariencia, no tuviera mucho en común. Que platicáramos de cosillas tan simples me daba un gusto enorme. Miré sus trabajos fotográficos y me habían encantado, a pesar de ser tan dura de mollera yo para el arte visual. Creo que en esas fotos se escondía algo, algo que al mismo tiempo era renegado. También me sorprendí de verme platicando con alguien cuyo perfil normalmente encaja en personas que no son de mi agrado: parecía siempre triste y le costaba bastante aceptar lo bueno de su persona. Pero por alguna razón, no quise irme.
Yo soy pésima para dar consejos. En mis relaciones interpersonales no doy una, casi siempre estoy sola y amigos buenos muy pocos. Yo lo he sabido desde siempre y a pesar de eso, estaba haciendo un intento por encima de mis capacidades de interacción social. Intenté tímidamente darle mi apoyo moral. Traté de no portarme tan plasta como siempre, no quise ser tan agresiva verbalmente como era con mucha gente. María me parecía tan... especial. Tenía una singularidad... inusual. Cuando platicaba con otras personas de confianza, siempre la mencionaba. Por algo la veía en todos lados. Y cuando no tenía la intención, la mencionaba. Cuando yo lo noté, miré a los ojos de su foto y mi corazón se estremeció: me estaba clavando. Me asustaba mucho eso, porque yo sabía lo mal que podía acabar. Sentí mucho miedo de lo que podría pasar; tanto miedo tuve que por un momento pensé que ya no debía seguir contactándola y me oculté. Eso fue bastante idiota, porque por más que yo quisiera ya no saber de ella, todo el tiempo le contaba a la gente de sus maravillas. No soporté y volví. Di una excusa ridícula y esperé a que todo siguiera como antes.
Posteriormente, aquello me hizo sentir una culpa terrible. Estaba actuando muy estúpidamente y seguramente había quedado como una demente. Pero me prometí no volver a hacerlo y seguir mi instinto. Tenía un presentimiento: aquello no debía terminar tan mal si no quería. Sin embargo, tuve que decidir qué hacer en base a lo que sentía.
El sentimiento era muy fuerte para ocultarlo. A pesar de eso, tenía una cosa clara: pasara lo que pasara, no era necesario el compromiso. No me interesaba ser correspondida, no quería que se me reconociera por nada. Sí, ésa fue la primera vez que sentí lo que es preocuparse genuinamente por alguien. Dejaron de importarme las múltiples inconveniencias de lo que se estaba gestando en mí. No quería algo así, yo quería dar mi vida por alguien. Veía a María tan mal y no soportaba la idea. Yo no sería su mayor amiga o confidente en esos momentos, pero quería hacer algo; mis consejos eran un asco, pero quería que supiera que así, débil, tonta y cobarde, me tendría allí para apoyarse, prometí nunca dejarle en desamparo pese a la distancia. Muchas veces sentí que no fui lo suficientemente clara con eso, me quedé con las ganas de decir eso y mucho más.
Falleció mi abuela y fui a su funeral (que fue inmenso, ya después haré una crónica de lo ocurrido allí). Con una carga menos, tuve que seguir preparándome para mi examen. Esos días seguí platicando con María. Me causaba inquietud el hecho de que siempre se mantenía distante. "Si no me agradaras ni siquiera hablaría contigo", me dijo una vez que lo expresé. Me animé un poco.
(Nota: durante lo narrado en el siguiente párrafo, cabe resaltar que conocí a un dibujante que fue mencionado ya en esta entrada en el punto 4. Ahí se menciona brevemente lo que hizo, que resultó ser su sentencia de muerte. Gracias.)
Ignoro cuántos días habían sido desde que empecé a platicar con ella. Cada día que seguí aprendiendo de ella fue sensacional. Me había encantado su sencillez, su sensibilidad increíble. Y no era nada fea, he de decir. Para nada lo era. Un día, empezó como todos. Estudiaba, la esperaba y platicábamos un poco. Esa noche fue muy... singular. Aún pienso en ello y no me creo lo que hice. Había mencionado que no quería nada, ¿cierto? Aquella noche creo que estuve por romper la regla cuando no pude más y esperé a que al menos eso pudiera ayudarle. Las cosas estaban muy mal para ella. Había dicho que no podía más con un problema muy serio para ella (classified). A muchos parecerá ridículo que yo me preocupe tanto por alguien que está tan lejos, pero para mí fue muy doloroso. Respiraba de la misma angustia. Cuando dejó de responder, supe que era peor que nunca. No sé cómo salió aquello al final, pero de la vorágine de desesperación que azotaba en mi corazón, sustraje mis sentimientos y, como si fuera a ayudarle en algo o si pudiera salvarle con eso de su dolor, dije: "yo te amo Y... yo te necesito". Pensé que me daría un paro luego de decir eso. Pasado un rato, ella contestó, diciendo que se iba a dormir, soñar. Fue sórdido. Se fue, yo no dormí hasta horas después.
Al día siguiente, seguí sin creer lo que había dicho. No quería que aquello se volviera un problema y sentí miedo otra vez. Pero no quise dejarme llevar otra vez. María llegó y le pregunté cómo se sentía, parecía que ya mejor. Fue más amena la charla sobre su problema y creo que fue incluso tranquilizante. Me regaló una foto de hacía un año, que desafortunadamente perdí cuando me mudé y dejé la computadora. Yo, siempre tan bestia, tuve que preguntar lo que pensó de la noche anterior. No me quedó muy claro, pero no hubo ningún problema.
Es un tanto difícil reconstruir toda la historia. Mi memoria falla y no cuento con archivos al respecto por culpa de un arranque. Pero recuerdo que no fue mucho el tiempo que pasó cuando rompí la regla. Sí, se lo propuse. Pensé en mi locura (era muy pronto y hasta yo lo sabía) que tenía la oportunidad de algo bueno. No sé, simplemente lo pensé. Estaba muy emocionada ese día. No supo qué decirme, más que sentía algo muy lindo. Me sugestionó bastante. Pensé que estaba en lo correcto, a pesar de que me pidió tiempo. Si con eso no fue suficiente, mis estupideces aumentaron en intensidad cuando le pedí que olvidara mi propuesta. ¿Razones? Miedo. Como siempre tan blandengue...
Lo que me tuvo peor en ese momento fue que mi examen estaba muy cerca. Creo que mi declaración fue un viernes o sábado, el lunes sería la gran prueba. Estaba tensa, en mi casa todos lo sentían. No dormía bien, sudaba más de lo normal y ya casi no salía de mi cuarto. Estudiaba aún más que antes, pero parecía que no se quedaba nada en mi cabeza. El domingo fue de lo peor. Lo de siempre, día de mierda (odio los domingos desde que nací), calor espantoso, comida cutre... el último día de estudio y pensé que iba a colapsar. Le oculté mi estado a María, quién sabe si lo haya notado. Ella se fue a dormir. Yo estaba muerta en vida. Me acosté a la hora usual, pero el sueño no llegaba. Seguía pensando en el examen, en ella, en mis estupideces. Tenía que hacer algo. No dormí un coño. A la mañana siguiente incluso la saludé antes de que se fuera. Yo fui a mi examen al mediodía. Pude resolver el examen en menos de una hora (no lo hice a lo tonto, que conste), pero tardé más que eso en volver a casa. Tomé una determinación: ya no debía hacer estupideces. Debía decidirme de una vez, dejar de dar tumbos, dejar de ser sólo un maldito incordio. Llegué a casa, comí a gran velocidad (yo de por sí devoro lo que veo) fui a esperarla. Me saludó como siempre, yo igual. Y me preguntó cómo me fue en mi examen. "Fue media hora de examen y otra hora de pensar en ti, ¡te amo, de verdad te amo!" Mi corazoncito casi estalla mientras expulsaba todo lo que sentía. Dije cosas que pensé que no podía. "Eres la mujer más maravillosa del mundo, adoro tu sensibilidad..." y no sé cuánto más dije, rematando con la propuesta que hacía unos días le pedí que ignorara: "¿quieres ser mi novia?" Por su reacción, pareció que le conmovió bastante. Yo no sé... supongo que los hechos hablan mejor que yo.
Pensé que me iba a desmayar. A pesar de que no percibí mucha seguridad en sus palabras, aceptó. Qué más daba el miedo y todo lo demás, tan sólo un "sí" resonaba en mi mente. Tenía una corazonada. Mas aquello no duró mucho y jamás supe por qué.
Creo que al menos una vez en la vida hay algo que nos cambia, que nos zarandea y al mirarnos al espejo ya no somos iguales. Quizá aquél fue mi momento, porque no me siento la misma. Si habrá sido para bien o para mal el cambio, no sé, pero sí hay cosas que son diferentes. Pasó un poco de tiempo hasta que conocí a mi actual pareja, con quien vivo hoy en día. Los días que siguieron desde que perdí el contacto con María fueron muy malos para mí. De pronto, ya no era mi único problema y el mundo se me vino encima. Francamente, nunca había llorado así por alguien. Digo, suena ridículo y lo sé, quizás hasta enfermizo, pero así pasó. Pese a no haber entendido nada, pese a haber sentido enojo alguna vez, pese a todas las tonterías que dije en esos tiempos... nunca me atreví a pensar nada malo de ella. Simplemente no creo que sea así. Y realmente no me molesta pensar en lo que ocurrió. Y finalmente, creo que saber o no saber dejó de ser importante.
Incluso, cuando conocí a Mickey (alias Mikaela H.) y éste deliberadamente empezó a decirme mentiras sobre ella (incluso dijo que quería hacerle daño y casi me convence), no quise entrometerme más. Sabía que mentía y pude haber hecho algo, pero es un tipo demasiado idiota y cobarde para hacerlo, además de que eso sólo hubiera causado más problemas. Supe después que había hecho más cosas, junto a otra persona (ver enlace anterior y adivinar), pero igual decidí no hacer nada. Tengo la firme creencia de que la gente confía en que sólo soy lo que la gente ve en mí y no lo que les cuentan los terceros. Si después quise averiguar qué había sido de su vida, eso es cierto sin duda. Esperaba enterarme que todo iba viento en popa para ella. Ya lo dije antes, me preocupaba por ella. Actualmente no sé qué haga o cómo le vaya, pero confío en que, de alguna manera, las cosas hayan salido como debían salir y que nadie haya cometido un error.
¿La carta? Ahí sigue. Doy fe.
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