Difícilmente podré conciliar el sueño esta madrugada. No he dormido nada desde ayer y por la tarde pensé que mi cabeza iba a estallar. Dormí una siesta muy corta y el sueño desapareció. Tan sólo espero resistir el golpe cuando amanezca...
Puse una canción y me llegó una sensación extraña. Recordé mi velada de la noche anterior. Había revisado un montón de archivos, mensajes, fotografías, videos... me llegó una sensación muy extraña, como de calidez, pero un poco lúgubre a la par. Ahora me acuerdo y es como si viviera de nuevo esos momentos. Que sí, ahí habían muchas putadas malsanas que alguna vez hice, pero hubieron también muchas cosas gratas. Extrañamente, hubo una situación que no fue registrada en ningún lado, por la simple razón de que nunca lo conté de cabo a rabo. Sólo llegué a mencionarla a unas cuantas personas. Allá va, pues...
Me levanté como si nunca hubiera dormido. Estaba como esos días en que todo molesta... lo peor era que ya había prometido que iría a la escuela tan sólo a ver cómo ensayaban unos sujetos para un baile (que no sé por qué coño habría un evento así en una escuela como en la que iba). Un amigo me llamó el día anterior, preocupado porque no había ido desde hacía muchos días. ¿Razones? Acababa de pasar por una ruptura amorosa, me la pasaba perdida en otros lados; deambulando, en casa de escasos amigos, peleando conmigo misma porque, después de ese fracaso, empezaba a tomar conciencia de que alguna parte de mí estaba fuera de lo normal...
Quizás fue el día en que nadie me vio enojada. Desde hace meses lo había estado. Pero cuando llegué al ensayo, me sorprendieron las caras de mis amigos. "¿Dónde habías estado? ¡Qué milagro!" "¿Por qué no has entrado cabrona? Ya nos dieron las nuevas credenciales." Qué raro fue ver que, aquel par de muchachitos que salían por patas al campo de futbol antes de que llegaran los profesores se preocuparan de cosas como ésas... y por mí. Preferí no decir nada y me senté a observarlos. Aparte de ellos, con nadie más hablaba. Ese semestre estuvo plagado de gente desagradable.
Si acepté ir a verlos fue porque ya me habían insistido mucho para que me apareciera por ahí. Pero la sola idea de estar cerca de la escuela me daba terror, menos mal para mí que el ensayo fue en un parque cercano, poco conocido por los demás alumnos de mi escuela por hallarse escondido a unas cuantas calles de ahí. Tan sólo me tocó ver a dos de mis compañeros; poco me importó, aquellos eran buenos tipos. No hubiera tolerado que me viera nadie más. Estaba harta de todo, de esa gentuza, de vivir asfixiada... cabe mencionar que, el año en que entré había sobrepoblación en el plantel y pasó algo muy curioso: era la única mujer ahí. Todos los demás, hombres. Jamás me sentí tan agobiada. Y conforme se acercaba la hora de la primera clase y el ensayo se volvió más una algarabía, me sentí peor. "No quiero regresar. No puedo..."
No lo hice. "No puedo, de verdad no puedo. Aún tengo muchas cosas en la cabeza". Mi amigo no entendía, pero supuso que de algo importante se trataba. Aún así puse a Karla de excusa y me fui. No recuerdo bien qué hice toda la tarde. Estoy segura de que no quiero recordarlo...
Al día siguiente, perdí contacto con mi cerebro. Sólo podía pensar en la vergüenza, el hastío. Todo era normal en casa. "Lo estás haciendo mal otra vez", pensaba. Pero nadie se había dado cuenta de lo que hacía y cada vez era más peligroso faltar a clases. Ya no tenía a nadie con quien pasar las tardes, no tenía dinero y definitivamente ya no podía hacer nada para salvar mi promedio. Hubiera sido más fácil confesarlo y esperar la reprimenda (ya me había pasado y había encontrado la fórmula para no sufrir). "Algo está mal conmigo. Algo está mal desde el día en que nací. No soy normal". A eso se debía mi sufrimiento de los últimos meses. "No es sólo un algo, es todo, todo está mal conmigo". Ya no pude pensar en otra cosa y salí rumbo a la escuela... a pie.
Una de mis habituales quejas en esa temporada del año (primavera) es el calor. Odio el calor, me jode a niveles estratosféricos. Ese día ni lo sentí. Sólo habían disparates en la sopa primordial de mi cabeza. Cuando no faltaba mucho para llegar, tenía sólo una cosa clara: "hay que terminar con esto". Ese día, nadie me vio. No supe otro lugar al cual ir. Caminé mucho, más de lo que había caminado en años. Hacía mucho tiempo que no estaba tan segura de algo: tenía que terminar con todo de una vez. Me quedé hasta tarde esperando el transporte. Me aseguré de que nadie de la escuela me viera y tomé uno de los últimos que salieron. Fingí que dormía en el asiento de atrás mientras me daba cuenta de que ya había dejado atrás mi casa. Esperé un poco más; odiaba ya estar en mi propia casa. Dejé el transporte poco antes de que terminara su recorrido y regresé caminando a casa. Encontraría sorpresivamente a mi madre y a mi hermana. "Me quedé dormida en el camión", inventé. No hubo problema con ello y fuimos a casa. Estaba brutalmente cansada. No comí mucho y me fui directo a la cama, sin olvidar lo que iba a hacer...
Ignoro por completo a qué hora desperté. Ya no habían luces encendidas. Me cercioré de que no había nadie despierto. Tomé un reproductor de música y unos audífonos. Si lo iba a hacer, necesitaba distraerme del dolor para no acabar arrepintiéndome. Tenía que hacerlo de un solo tajo en cada lado. Ya había estudiado cómo. Fui a la cocina por la herramienta y luego me encerré en el baño. Me miré a los ojos por un momento. "Mira lo que vas a hacer. Carajo, ya debes estar demente"; me pareció bastante divertido pensar eso. Lo único que me hacía sentir mal era el desastre que iba a hacer, seguro mi mamá se cabrearía bastante al verlo. Me pregunté cómo sería el día siguiente. ¿Cuáles serían sus reacciones? No planeaba dejar algún mensaje. A mis hermanos tal vez no les importe mucho, tampoco a mi padre. Quizás mi mamá se asuste. Cualquiera, creo yo. Busqué algo de Alice Cooper en el reproductor y me detuve antes de reproducir. "Quizás... mañana sea un día mejor. Quizás mañana entienda qué es lo que está mal". El sueño volvió y regresé a la cama.
Toda la mañana sostuve una sonrisa extraña. Ese mismo día todos se enteraron de lo que había estado haciendo. Se dijo de todo sobre mí, pero dejó de importarme. Tenía que dejar la escuela ahora. Me sentí muy feliz. Ahora tenía todo el tiempo del mundo para comprenderlo...
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