Hoy desperté con hambre. He de anotar que no he dormido mucho desde que tengo de nuevo una computadora a la mano. Sin embargo, toda esa sobreestimulación me ha hecho bien a nivel creativo, pues de pronto llega a mi memoria la historia de una mujer, de una buena pero temperamental mujer con la que compartí un mes de mi vida (o dos semanas, porque a la primera se fue de vacaciones al culo del mundo). He aquí los detalles de nuestra curiosa trayectoria sentimental.
Su nombre era Karla Copito (claro que no se llamaba así, no jodan) y asistía a una escuela privada en el momento en que la conocí. Debía tener 1 o 2 años menos que yo, no me acuerdo, pero sí me acuerdo de su bombo hermano de 12 años... creo. El caso es que, en medio de una crisis emocional-existencial decidí no ir a clases para ir a lo de un viejo amigo, un frikazo hijo de puta con quien pasaría un mes malinfluenciándome en lugar de atender mis deberes. Dicho sujeto me comentó que, en una salida con mi hermano (quien antes era su compinche) y su novia de ese entonces habían terminado en casa de una chica que le había gustado mucho. Por mi naturaleza de aquel entonces me valió un coño, aquel tipo no podía ver alguna mujer sin pajearse o hacer algún comentario grotesco o friki. Ese día precisamente decidimos ir a verla.
Como sus padres (y en especial su papá, que era un cabronazo ejemplar) eran muy recelosos cuando se trataba de su hija, debimos ir acompañados de la ex-novia de mi hermano, con lo que me expuse a que me delatara con él (aquella mujer era de la que les cuentas algo y al día siguiente la puta cuadra y su madre se enteran). Afortunadamente eso no pasó hasta un tiempo después y de hecho fue por un suceso más que nada accidental.
Lo que pasó ese día fue singular. Al recibirnos la madre de Karla nos miró con recelo, pero nos dejó pasar con todas las cortesías a su sala. Entonces la ex-novia de mi hermano subió las escaleras y bajó con ella. Miento si les digo que no me gustó lo que vi. No me gusta dar descripciones de la gente porque luego se dan por aludidos y me cagan a palos en la calle, pero esta chica en ese tiempo era muy bonita... y tímida. Recuerdo que saludó al cabroncete de mi amigo y me dijo un "hola" y se puso tras su amiga. No hablaba conmigo, apenas y hablaba con los demás. Me imaginé que me tenía miedo (algún par de buenos samaritanos se encargaron de esparcir historias horrorosas sobre mí, como que le arranqué los brazos a un tipo en una pelea o que salía a matar perros a batazos en las noches).
Algo extraño surgió en mi cuándo el ganapán asqueroso de mi amigo me volvió a decir que le gustaba al salir de la casa: "¿por qué no?" Y le pedí que me pasara su dirección de Hotmail (RIP). Lo sé, debo arder en el agujero del demonio.
Para resumirlo, en menos de una semana me gané su corazón de pollo. En este período aprendí un montón de cosas sobre ella, como que un tipo la había decepcionado antes o que en ese entonces andaba con alguien que no le permitía acercársele en presencia de sus amigos. Mientras platicábamos me fue gustando un poco más. Hubiera hecho todo esto de cerca, pero sus papás no la dejaban salir sin compañía... cualquier compañía que no fuera la mía. Así pues, nuestro compromiso empezó una noche, a distancia, y pasó inadvertido hasta un par de días después, cuando tuvimos la oportunidad de vernos de nuevo. Yo había comprado un bonito pentagrama (yo era bien "ivol") y lo llevé al café donde quedamos de vernos con su mamá y mi cutre amigo (no sé quién putas lo invito, como recuerde que haya sido yo me lanzo de la azotea). Por razones simples que no valdría la pena explicar, disfrutamos de nuestra mutua compañía muy discretamente, rozándonos las manos y lanzándonos miradas. Al final de una corta velada en que casi me suben a la máquina ésa donde se baila y cuyo nombre no recuerdo, le di el pentagrama y nos despedimos con un abrazo muy largo.
Cualquiera pensaría que una relación que empieza de modo tan tierno y meloso terminaría bien, o al menos iría bien encaminada por un buen rato... mas todo cambió en la segunda cita. La mamá de Karla se enteró por ella de nuestra relación unos días después y decidió tolerarla (los detalles de por qué son información clasificada). Le dio permiso para ir conmigo, su amiga y mi truculento amigo (fui imbécil, lo sé) a una plaza comercial cercana a perder el tiempo. De camino a la plaza, mi amigo me contó una anécdota: si tenías varios Furbys, los acomodabas en un círculo con fuego encendido en el centro, les clavabas los pies al piso y susurrabas detrás de ellos "Satanás", ellos lo repiten y se inclinan hacia adelante como haciendo reverencias. "¡Satanás! ¡Satanás!". Viendo Karla Copito cómo me ataqué de risa, se alejó de mí, asqueada. Todo el día se mantuvo lejos de mí hasta que le pedí perdón, aunque ni siquiera me dijo qué la había molestado. Tan sólo llegamos a jugar boliche muy malamente, donde descubrí que era pésima. Ese día adquirí conciencia de una realidad inalterable y desarrollé un odio irracional hacia el boliche...
O mejor dicho, dos realidades, pero una es información clasificada. A la semana siguiente, Karla se fue de vacaciones. Yo le envié un mensaje: "no puedo hacerte feliz". Me dolió bastante hacerlo, pero sentía que era una monstruosidad y que no merecía tenerla de novia. Me sentí realmente mal por mucho tiempo, al punto que mis papás se preguntaron si tenía algo más. En ese entonces tenía ya otros problemas encima: dejé de ir a la escuela, me aislé por completo, dormía hasta muy tarde. Al volver Karla Copito, me devastó escuchar de su amiga que el mensaje la había dejado terriblemente triste, que le llamó de emergencia para que fuera a su casa y le consolara. Pocas veces en la vida me he sentido tan miserable y culpable.
Unos días después, su amiga misma me animó a que lo volviera a intentar. Gasté lo último que me quedaba de dinero en un enorme ramo de rosas azules y fuimos a su casa. El recibimiento estuvo bien y todo... pero definitivamente había dejado de ser lo mismo. Al día siguiente terminamos de nuevo, muy lastimosamente para mí, porque para ese entonces ya albergaba un sentimiento demasiado fuerte.
Dolió, dolió mucho y por mucho tiempo. Mi crisis terminó cuando dejé la escuela y tuve tiempo para pensar, a pesar de que me había convertido en la vergüenza de la familia y ya todos sospechaban que yo tenía algo malo desde hacía mucho. Sin embargo, jamás eliminé a Karla de mis contactos ni ella tampoco, por lo que un día me llegó un tímido "hola". Justo igual que como había empezado, pero ahora prometía ser algo diferente. Había días en que me llamaba desde su escuela (cosa que antes no hacía nunca), me hacía berrinches como si estuviéramos casadas, me contaba de sus cosas en la escuela y en la casa... y me dijo que aún tenía mi pentagrama. "¿Quieres que te lo devuelva?", me preguntó una vez. Sentí que se había puesto nostálgica. "Es tuyo".
Es extraño, quizás hasta irónico que luego de tan malos ratos hayamos terminado como buenas amigas, casi tanto como con la chismosa de su amiga. Pasó el tiempo y perdimos contacto, pero aquel corto tiempo de reconciliación me sirvió de mucho. No sólo la pasé bien con ella, también descubrí cosas que estaban enterradas muy dentro de mí; cosas que me servirían más tarde para entender mejor lo que se estaba gestando en mi interior... pero eso es información clasificada.
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